La suerte de tener hermanos

Hermanos

Imagen propiedad de mamás y nenés

Por naturaleza cada uno de los hermanos es distinto. Aunque el papá y la mamá sean los mismos, vivan en la misma casa, coman la misma comida y hasta vayan al mismo colegio. Cada uno de los hijos tiene su propia personalidad, sus propios gustos y sus propias ideas. Y al final, eso es una suerte.

Una suerte para mamá y papá, que aprenden de cada uno a cómo darles balance. Que comprenden que ser diferentes no les hace ni buenos ni malos, solo les hace únicos. Que entienden que aunque todos se formen con los mismos valores, cada uno será una persona distinta.

También es una suerte para el que tiene hermanos. Siempre tiene alguien en casa para compartir o para reñir. Tienen alguien a quien cuidar si son mayores y alguien a quien imitar si son los menores.  Tienen alguien con quien planear las trastadas y alguien con quien compartir la culpa de los castigos. Alguien que aunque te riña un poco en casa siempre saldrá a defenderte en la calle. Y cuando van siendo mayores, alguien a quien pedir consejos o con quien desahogar tus pesares.

Una de las cosas que más disfruto de mis nenés  es ver su relación. Recién ahora entiendo lo que significa la palabra admiración, cuando veo el brillo en los ojos de mi pequeñín mientras mira (¡o admira!) hacer algo de mayores a su hermana. Y recién ahora entiendo que algunas chicas venimos a este mundo con el instinto maternal despierto desde el segundo uno, cuando veo a mi princesa ayudar su hermano con un amor y una paciencia que no es tan común a su edad.

Uno de los mejores regalos que me dieron mis padres, sin duda alguna, han sido mis hermanas. Ambas diferentes pero maravillosas. Unas mujeres fantásticas, de las que siempre me he sentido orgullosa. Unas compañeras inmejorables para nuestras aventuras de la infancia y la adolescencia. Y unas tías estupendas, que mis hijos adoran, y que nos han regalado la dicha de disfrutar de unos primos geniales para aumentar el grupetín. Por eso quizás es que creo que también que mi marido y yo hemos regalado esa dicha, hemos hecho afortunados a esos dos pequeñines que no solo comparten nuestros apellidos sino un vínculo maravilloso que los va a acompañar siempre.

 

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