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Para que coma variadito

Generalmente cuando servimos la comida de nuestros nenés, tenemos tenemos varias cosas en el plato: el pollito o la carne, el arroz, el plátano… Me sucede con mi nené más chiquito, que -aunque es muy glotón- cuando prueba el pollito… ¡ya no quiere más nada! Así que, para que se coma todo lo que debe comer, y bien balanceado, primero le doy tooooodo el arroz, las papitas, los granos y le dejo de último lo que le resulta “más especial”. Me funciona muy bien este truquito, hasta se come más rapidito los acompañantes… ¡y jamás deja ni la muestra de su parte favorita!

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¡Ese niño si come bien!

Todas las madres soñamos, sin excepción, que el momento de comer sea tranquilo. Que al nené le guste lo que hemos preparado. Que el niño se coma toda la porción que le hemos servido. Que todo el que lo vea se contagie con su apetito y nos diga: “¡Ese niño si come bien!”

Cada mamá en algún momento se habrá preguntado, un tanto inquieta, si el peso de su hijo es el correcto. Y cuando llega alguna gripe o algún virus, nos invade un poquitín de nerviosismo pensando que el pequeño podría perder peso al sentirse desganado.

Como en todas las etapas del desarrollo de los niños, es sumamente importante tener presente que cada chiquitín tiene su propio ritmo. Y con la talla y el peso el pediatra será el mejor asesor. No porque el hermano mayor coma en abundancia significa que el nuevo bebé deba hacerlo igual, por ejemplo.

Y sí, es importante que el niño coma, eso es indiscutible. Pero es importante estar bien alimentado más que “estar gordito”.

Mi consejo como mamá es estar muy atento al ritmo de cada hijo, individualmente. No hacer de la hora de comer una tortura llena de metas y castigos, porque entonces tendrá una connotación negativa cada vez que vayan a alimentarse. Es importante hacerles una rutina (no  inquebrantable tampoco), pero es bueno si podemos aderezarla con diversión.

Mientras los niños comen podemos contarles cuentos o cantar canciones.  Cuando falta poco para terminar, ir celebrando que “ya falta poquito” y que lo han hecho “muy bien”. Cada vez que hayan comido (aunque no hayan acabado todo lo servido, pero sí hayan comido una porción importante) celebrar el logro. Así se emocionarán y querrán siempre completar la tarea para recibir los aplausos y los besos.

Es bueno mantenerles las mismas horas para comer, flexibilizándolas quizás hasta media hora más o menos, pero cuidando no pasar de allí. Así el niño adquiere el hábito más fácilmente. Además, si se le pasa mucho la hora (por una siesta que se ha prolongado, por ejemplo), el nené probablemente estará de mal humor y sera más difícil que coma lo que se le ha servido.

Otro truco que funciona muy bien es que los papás coman al lado del niño, la misma comida. Los papás pueden comentar entre sí, mientras comen y dan de comer a los chiquitos, lo rica que está la comida. Los niños siempre quieren imitar a papá y mamá, y si ellos comen alegres y con apetito, los nenés muy probablemente actuarán del mismo modo.

También es buena práctica variarles los platillos. Sobretodo cuando superan el año, que es cuando el abanico de posibilidades para el menú se abre. Si comen muy seguido algún plato pueden aburrirse de él y comenzar a aborrecerlo, lo que es un dolor de cabeza para las mamás porque se nos reducen las opciones. Si eso llegara a pasar, es bueno dejar de darles el platillo por un par de semanas, ni siquiera mencionarlo, y luego retomarlo poco a poco.

Es importante no entrar en un juego de fuerzas, obligándole a comer algún plato o exigiendo que se termine la ración. Si ellos detectan que es tan importante para papá y mamá, estamos perdidos. Hay que hacerles entender que es importante para ellos, para que tengan fuerzas para correr, para que tengan ánimo para jugar, para que no se enfermen… etc. Cuando no se sientan obligados, comerán naturalmente, porque con toda la actividad que tienen es lógico que el hambre va a aparecer.

También es útil, si el pequeño es de poco apetito, evitar darle de comer entre horas.  Así comerá cuando le corresponde las raciones adecuadas y la comida que nos interesa. Esto no es una regla inquebrantable, pero funciona muy bien cuando es aplicada como una negociación.

Otra estrategia que funciona, cuando ya quieren agarrar los cubiertos, es dejar que en alguna de las comidas del día traten de alimentarse solos. Para ello debemos armarnos de paciencia, baberos y tiempo. Pero la misma necesidad de explorar cómo es eso de alimentarse por sí mismos los va a cargar de emoción y va a jugar a nuestro favor.

Por último, les dejo este truco que me ha funcionado de mil maravillas. Es divertido escoger un día para servirle sus comidas favoritas, pueden ser los fines de semana. Esta práctica ayuda a que al niño le emocione sentarse a la mesa a comer y disfrutar de lo que más le guste. Mi nena  ama la pizza y los sábados es el día que he escogido para darle ese almuerzo. Ella al levantarse pregunta “¿Hoy es sábado mamá?” Y cuando le digo que sí automáticamente se pregunta y se responde: “¿Quién quiere pizza? ¡Yoooooooo!”