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La travesía de enseñarle a dormir – Parte II

(Parte II – Cuando van creciendo)

Para el nené que ha desarrollado desde pequeño una rutina para descansar en la noche, será mucho más fácil (casi natural) cuando va siendo más grande mantenerse en su habitación e incluso ir directamente a su cama cuando está cansado. Mi hija mayor cuando está cansada, sobretodo los días que venimos de la playa y ha jugado hasta más no poder, me dice: “mamá, vamos a mi cama, la ñiña tiene fueño”… Y en efecto, no he terminado de ponerle el pijama cuando ya está profundamente dormida.

Es bueno escogerles una hora para ir a la cama. Claro está, los viernes y los sábados pueden tener el privilegio de extenderla un poco, pero hay que tratar de que no sea mucho más tarde para que no se descontrole la rutina. Cuando van a dormir, es bueno comentarles que ya llegó la hora del descanso. Prepararles poniéndoles el pijama y cepillándoles los dientes. Luego podemos leerles una historia (o dos o tres) en la cama, conversar sobre lo que hicieron ese día y lo que harán a la mañana siguiente… y luego acompañarles un rato abrazándoles o acariciando sus cabecitas mientras se duermen.

Más rápido de lo que pensamos van creciendo. Pasan de la cuna a la cama con barandas y luego a su camita de “niño grande”… y no nos podemos creer que ya saben –hasta medio dormidos– el camino de su habitación a la nuestra… y ahí es cuando más difícil resulta resistirse  a esos bracitos que rodean dulcemente nuestro cuello y esos ojitos que claman por compartir nuestra almohada… así que lo más sencillo (para los papás) es enamorarlos de sus recámaras. Vale la pena entonces decorarles las paredes y llenarles las sábanas con sus personajes favoritos para que se sientan felices de estar allí… y acabar por acobijarlos deliciosamente en nuestro regazo en las mañanas (y no madrugadas) de los fines de semana, cuando ya hayan dormido todas las horas necesarias en la comodidad de su camita y papá y mamá también estén renovados .

Cuando van siendo más grandecitos, los niños tienden a solicitar que se les deje la luz encendida… y despiertan angustiados si descubren que la hemos apagado luego de que se han rendido en su cama. Suele funcionar en estas ocasiones dejarles una luz indirecta o quizás encender la de un pasillo cercano que les permita reconocer rápidamente al despertarse en dónde se encuentran, sobretodo cuando han tenido pesadillas. También es bueno dejarles saber que estamos cerca. Que si están angustiados pueden llamarnos y correremos en su auxilio. Mi hija al principio lloraba al encontrarse sola, luego aprendió que si nos habla desde su habitación podemos escucharle perfectamente…. Y ahí comenzó la historia de la princesa y el esclavo, como les digo yo… cuando la princesa tiene sed, o tiene calor, o necesita ir al baño llama con cierta vehemencia a su papito (el esclavo): “papaaaaaaa… la ñiña quiere agua por bavor”, “papito lindoooo… a la ñiña che le chale el pipiiiii”… ¡Suerte que no es todas las noches! Lo bueno es que ella dejó de llorar, se siente tranquila en su habitación, reconoce que es su espacio y sabe que para cualquier cosita en la que necesite ayuda estamos ahí mismito… ¡sobretodo su esclavo amado!

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La travesía de enseñarle a dormir

(Parte I – Recién nacidos)

Todos sabemos que el descanso es importante. Y como siempre dice mi esposo: es tan crucial para la mamá como para el nené. El bebé, porque necesita reposar para recargar energías, para crecer, para desarrollarse… la madre, por su parte, porque debe estar saludable y alerta para poder cuidar bien del nené.

Los padres nos hacemos miles de preguntas en torno al tema. ¿Cuánto debe dormir? Algunos nos preocupamos porque pase demasiado tiempo durmiendo y  sin comer… otros porque no descanse lo suficiente. Y ahí solo puede evaluar el caso individualmente nuestro amigo el pediatra.

Después de aclarar eso nos preguntamos: ¿Cúando debe dormir? Y cuando nos hacemos esa pregunta nos enteramos de que es bueno hacer una rutina… y vienen más preguntas… ¿Cuándo debo comenzar la rutina? … Y más allá de todo…¿Cuándo son capaces de diferenciar el día de la noche y asociar la noche con la necesidad de dormir?

La verdad, creo que no hay una respuesta única que calce con cualquier nené. Pero, para alivio de todos, sí se han identificado algunos factores que nos pueden dar luces para salir adelante en esta compleja travesía. Lo que sí recomiendo a todas las recién mamás, sin excepción, es que cuando el niño se duema… ¡corran a descansar ustedes también! Créanme, ambos lo necesitan.

Cuando el bebé es pequeño, y sobretodo cuando somos madres primerizas, tenemos esa tendencia de acompañar al nené en la cuna con mantas y peluches. Y es que es difícil resistirse a no hacerlo… la ternura se desborda de la cuna  e inunda la casa… queremos que su habitación luzca como las hemos visto en millones de revistas. Ahora bien, no hay nada de malo con eso… lo que sí es importate es que estemos pendientes de algunos detalles para evitarnos dolores de cabeza. Revisemos que la manta que lo acobije no sea demasiado pesada como para que pueda manipularla con facilidad y no enredarse en ella… yo personalmente creo que es mejor usar los pijamas cerrados hasta el pie para cubrirlos en lugar de las cobijitas durante la noche… al menos mientras son pequeñines.  Es importante también  detallar que los compañeros de sueños sean más “suaves y seguros” que coquetos… ¿Y cómo es eso?  Pues estemos alerta de que estos amigos que escogemos para nuestros nenés no tengan partes pequeñas desprendibles que pueda tragarse el bebé… Ideales son aquellos que tienen la ropita, los ojitos, la nariz y la boca bordadas o pintadas… los pegados tarde o temprano acaban por separarse. Es bueno que esos peluches o muñecos sean suaves como un cojincito por si nuestros retoños deciden usarles de almohada. Y sobretodo… ¡que sean lavables! (mejor aún si podemos meterles a la lavadora). Es mejor abstenerse de colocar demasiados “amiguitos” en la cuna, sobretodo por la comodidad del bebé, pero uno o dos podrían hacerle compañía sin mayor problema.

Recién llega el bebé a nuestras vidas, los padres inundamos la suya de cámaras, luces, intercomunicadores… ¡y es lógico! Son tan frágiles que nosotros hacemos lo que sea por prevenir un accidente. Sin embargo, así como la mayoría de los adultos, los niños también suelen conseguir mejor el sueño cuando la iluminación es tenue. Son muy útiles en esta etapa las lamparitas de noche, que pueden enchufarse directamente en el tomacorriente y hacen que la luz emane suavemente de abajo hacia arriba, evitando así el dejarles la lámpara del cuarto prendida. Así podemos venir y verles con facilidad la carita cuantas veces queramos en la noche, pero sin interrumpir su descanso.

Mientras duermen los nenés, funciona bien dejarles una música suavecita de fondo. Esa melodía los acompaña y los relaja. Además, los acostumbra a tener un sueño profundo sin necesidad de que todo esté completamente en silencio, lo que disminuye la cantidad de veces que se despierten durante la noche.

Hoy en día, hay muchas marcas de productos para bebés que tienen maquinitas que hacen vibrar los moisés o que los mecen agradablemente. Ambos son ampliamente recomendados para tranquilizarlos y ayudarlos a conciliar el sueño.

Cuando van dejando la toma de leche por la noche, cuando ya toman fórmula, algunos doctores recomiendan darles una onzita de agua cuando se despiertan. También suele funcionar colocarles un chuponcito cuando abrenlos ojitos, y mecerlos en su cunita un rato, hasta que concilian de nuevo el sueño. Esto les ayuda a calmar la ansiedad y generalmente, a las pocas noches, ya comienzan a dormir la noche entera.

En cuanto al espacio para descansar, es recomendable tener un lugar destinado para ello. Y que el sitio de descanso no sea el mismo del juego, para que puedan diferenciarlo. Durante los primeros tres meses desde su llegada al mundo, se aconseja enseñarles a dormir en su propia habitación. Y tal parece que mientras más pequeños se les habitúa a este comportamiento, más sencillo y rápido es ese proceso de adaptación.

Para que diferencien el día de la noche, es bueno siempre alimentarlos a las mismas horas, bañarles al mismo momento del día, tenerles una ropita más fresca en el día y otra especial, más abrigadita, para dormir. Yo particularmente, cuando mis retoños erán bebecitos, prefería bañarles al final de la tarde. Como esto los relaja, era un preámbulo perfecto para la hora de dormir. Les bañaba con agüita tibia, cantándoles alguna canción… luego los ponía en la cama de mamita y antes de vestirlos les ponía cremita para bebés en sus pies y les hacía un suave masajito mientras les repetía incansablemente cuánto los amaba… luego les ponía su pijamita… les daba de comer… les sacaba los gases… ¡y a la hora ya estaban listos para seguir hasta el otro día!